ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 3: EL DINOSAURIO (continuación del cuento más corto de la historia)
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. El animal lo miraba desafiante, relamiéndose al contemplar sus secas carnes, envueltas por ropas llenas de vómito y suciedad. No podía ser que todavía estuviese allí, junto a él, normalmente nunca ocurría, se decía extrañado.
Pensó que lo más prudente sería no moverse hasta que el dinosaurio decidiera irse, o muriera de agotamiento, hambre o, simplemente, se desvaneciera como hacía siempre.
Pero eso no ocurrió. Seguía ahí, imperturbable, observando cómo temblaba al ver sus afilados colmillos.
El muchacho se armó de valor y decidió coger la botella vacía que tenía a su lado. Con un movimiento rápido, hizo un intento de golpear a la bestia con ella en la cabeza, pero la botella se limitó a traspasar al dinosaurio, sin rozarle siquiera.
“Eso está mejor”, pensó. Le resultaba extraño que, tras una noche de excesos, mezclando alcohol con estupefacientes y mil sustancias más, no tuviera una resaca enorme. Los síntomas de la fiesta se reducían al dinosaurio, siguiéndole donde quiera que fuese.

2 Comments:
Posteo para dejar constancia de que leo tu blog. ^_^ Y me mola mucho lo del dinosaurio, aunque el final no es sorprendente (cosa rara en ti O.o) porque en el penúltimo párrafo dices que coge una botella xD
Sigue con tus paridas, Drew.
Mujer, es que ya el penúltimo párrafo es el principio del final (ui como suena eso xD)... Ahí coge la botella y no le puede pegar, y luego explica por qué está así...
Gracias por leer mi blog, cariño mío =P
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