lunes, enero 08, 2007

MIRANDO AL MÁS ALLÁ

El viento enmarañaba su pelo y hacía que se le metiera en los ojos, lo que le resultaba bastante molesto. Observaba la gran ciudad; todo era como siempre, nada hacía cambiar a las ciudades: la gente iba a trabajar en sus coches, estresada por el tráfico; los niños correteaban en el parque; las personas se cruzaban sin apenas mirarse… No, nada cambiaba, pero eso era sólo en apariencia: cada día había muertes, atracos, violencia y accidentes; aunque eso a la gente no le importaba, todos continuaban con sus vidas sin que nada les afectase.

Le gustaba mirar por la ventana de su habitación y pensar en todo eso y más. Desde que se trasladaron a esa casa, procedentes de la otra punta del país, cada tarde se asomaba a esa ventana, que ya era parte de su vida, de ella. Todo parecía como siempre, sin embargo, no lo era.

Hoy ya no miraba asomada, sino que lo hacía sentada en el alféizar, recordando los últimos meses transcurridos a partir de su llegada a la ciudad y meditando sobre si debía hacerlo o no, mientras sentía en su rostro el calor del sol, que ya había alcanzado su cenit hacía unas horas y comenzaba a descender.



Lo miraba todo con curiosidad, almacenando en su mente cada detalle del edificio. A su espalda llevaba una mochila, que sólo contenía una libreta y un estuche con algunos bolígrafos, ya que aún no sabía qué libros debía comprar.

Era su primer día de clase, pero no el del resto de muchachos y muchachas, que hacía ya un par de meses que habían comenzado el curso.

Preguntó en secretaría por su nueva tutora, que según le habían dicho se llamaba Eva, y fue a su encuentro.

Eva tendría unos treinta años y, por lo que pudo observar en su primer encuentro, era bastante distante con sus alumnos.

- ¿Eva? Soy Luz, la nueva alumna. Me han dicho que tenía que venir a hablar contigo primero…

La profesora le hizo algunas preguntas, rellenó su ficha y la acompañó a su aula, situada en la tercera y última planta del edificio.


Durante unos días su vida transcurrió con normalidad, como la de cualquier chica de su edad.

Hasta que Valles decidió cruzarse en su camino.

Se llamaba Gabriel, pero todo el mundo le llamaba por su apellido: Valles. No era como Santi, su ex-novio, con el que tuvo que dar por terminada su relación el día antes de mudarse. Era diferente: a él le quería, pero a Valles no.

No obstante, también les unía una relación tan fuerte y personal como el amor: el odio.


Valles iba a su clase, aunque tenía un año más porque había repetido el curso anterior. De complexión fuerte, iba por el instituto intimidando a los más débiles para hacerse el duro, y nadie osaba enfrentarse a él.

La víctima que eligió esta vez fue Luz, por ser la nueva.

Al principio todo se reducía a unos cuantos insultos, burlas y malas pasadas en clase; pero progresivamente fue aumentando, Valles nunca se daba por satisfecho, toda diversión a costa de los demás era poca.

Hasta que llegó el día que cambiaría la vida de Luz, haciéndola más funesta.


Luz caminaba apresuradamente por el pasillo para dirigirse al laboratorio, pues tenía su próxima clase allí. El corredor estaba vacío, ya que hacía diez minutos que había sonado la campana y ella llegaba tarde. Las lágrimas pugnaban por escaparse de sus ojos, pero ella hizo un esfuerzo para no llorar. Hacía unos instantes Valles se había cruzado con ella al lado de los aseos, le había cogido por el cuello y, acorralándola contra la pared, le había susurrado al oído:

- Reza para que nunca te vea sola por la calle – y le golpeó contra la pared.

No se podía sacar de la mente esas palabras, se habían grabado a fuego en su cerebro. Aún le dolía el cuello por la presión de las manos del muchacho y la espalda por el golpe, pero intentaba andar lo más rápido que sus piernas y su angustia le permitían.


Ya en clase, Blanca, una compañera con la que se podía decir que había trabado amistad, le preguntó si le pasaba algo al observar sus ojos brillosos y su silencio, pero ella le contestó que no y continuó callada, sumida en sus pensamientos. Había estudiado en cinco colegios de cinco ciudades distintas, pero nunca le había ocurrido esto. Su padre trabajaba en el mundo de los negocios, así que cada dos años aproximadamente cambiaban de residencia. Al principio eso le molestaba, pues nunca podía tener amigos de verdad, pero al final se acostumbró. Lo más duro fue la última mudanza, cuando tuvo que cortar con Santi, de la que hacía tan sólo tres meses.


Día tras día, amenaza tras amenaza, agresión tras agresión, su miedo iba creciendo, pero ya no evitaba ir por los pasillos, había dejado de correr por ellos para volver a andar tranquilamente. Pensaba que tal vez así Valles vería que ya no le tenía miedo y decidiría dejarla en paz. Esa estrategia funcionó relativamente: durante dos semanas el muchacho sólo le dirigió unas pocas palabras malsonantes, pero sin llegar a tocarla.


No obstante, Valles se cansó de los insultos y decidió volver a pasar a la acción. Otra vez ocurrió en la puerta de los aseos, sitio por el cual rara vez pasaba gente que no fuera expresamente al servicio, donde se dirigía ella. Valles llegó corriendo tras ella y le rodeó los hombros con los brazos, zarandeándola hasta hacerla caer al suelo de forma muy violenta. Le propinó un puntapié en la pierna y se fue por donde había venido.

Luz entró en el aseo, se sentó en un retrete, y comenzó a llorar. Ya había perdido media clase de matemáticas, pero eso no le importaba ahora. Pasados veinte minutos, se enjuagó las lágrimas y bajó al patio, donde se sentó en un banco al sol.

No sabía cuánto tiempo transcurrió hasta que Eva, que pasaba por allí, la vio y se le acercó:

- ¿Por qué no estás en clase?

- No me sentía con ganas…

- Bueno, como veas… Supongo que por una clase no pasará nada, pero que no se repita.

Luz se marchó, poniendo como excusa que tenía que comprarse el almuerzo, a pesar de no tener dinero: Valles siempre se lo quitaba. Pero eso Eva no lo sabía.


Fueron muchas las amenazas y agresiones, tanto físicas como psicológicas, que sufrió Luz durante casi dos meses más; pero el profesorado no quería ver lo que ocurría, daban la espalda a los hechos que acontecían ante ellos, aunque Luz se quejase una y mil veces.

En cuatro ocasiones más la acorraló en diferentes rincones del patio y pasillos por haber revelado algo, aunque fuera mediante una mirada de sufrimiento, a sus profesores y compañeros. Valles sabía lo que se hacía: le propinaba los golpes en zonas en las cuales no quedaba marca y, aunque en la cabeza a veces quedaban, eran ocultadas por el pelo.


Un día, después de recibir un fuerte golpe en la cadera, fue, conteniendo las lágrimas, a ver a Eva. La profesora parecía mostrar interés por su historia pero, como comprobó Luz más tarde, no le creyó.

Según se enteró Luz, su tutora se había limitado a hablar con Valles, explicándole la importancia de la tolerancia, la convivencia en paz y el respeto. Como era de esperar, esas ideas no hicieron mella en Valles que, en cuanto tuvo la ocasión, fue a por la muchacha para vengarse por su delación.


Unos días más tarde, un sábado por la mañana, paseaba por el parque situado al lado de su casa cuando lo vio, dirigiéndose hacia ella. Echó a correr, pero Valles era más rápido y la alcanzó, le cogió el brazo y se lo retorció. Dos señoras se les quedaron mirando, así que el joven esperó hasta que se hubiesen alejado lo suficiente. Como hiciera en repetidas ocasiones, la volvió a empujar y zarandear, a patear cuando ya estaba en el suelo. Ella se levantó e intentó defenderse, pero recibió más golpes. Cuando tuvo ocasión, salió corriendo en dirección a las dos señoras.

Valles la observó marchar, sin hacer nada por impedirlo, con una sonrisa maliciosa.


Luz entró precipitadamente en su casa. Hoy tendría que comer sola: su padre estaba de viaje de negocios y su madre trabajaba. Pensó que sería mejor así, tener un poco de soledad en estos momentos ayuda a reflexionar sobre lo acaecido.

Se preparó una ensalada para comer, aunque no tenía hambre sabía que debía hacerlo, mientras pensaba en qué haría a continuación. Cuando terminó de comer, recogió la cocina y fue a su habitación, a mirar por la ventana, su ventana querida.

Abrió la ventana, hacía frío a pesar de estar a finales de abril, pero le gustaba sentir el viento en la cara, y meditó qué debía hacer a continuación. Tomó una de las decisiones más difíciles de su vida, quizá la última.

Con ayuda de una silla, se sentó en el alféizar y observó la ciudad desde su tercera planta; todo era como siempre, nada hacía cambiar a las ciudades: los coches con su infernal ruido, los niños jugando en el parque, las personas cabizbajas caminando por la calle sin mirar a su alrededor… No, nada cambiaba, pero eso era solo en apariencia.

Apoyó la cabeza en el marco de la ventana y consideró qué debía hacer, recordando y comparando los buenos con los malos momentos de los últimos meses. Los malos superaban a los buenos pero, ¿realmente merecía la pena?

Pasó horas en esa posición, cavilando, hasta que, cuando el sol comenzó a desaparecer en el horizonte, se quedó dormida, sumida en un sueño intranquilo, repleto de pesadillas. Un sueño que quizá fuera eterno, dependiendo de lo fuertes que fueran las sacudidas que le producían esas pesadillas.

AÑO NUEVO, UN AMANECER

Un amanecer en las tinieblas, rasgando jirones de oscuridad, intentando iluminar aquello que ha permanecido en penumbra durante tanto tiempo.

Apenas lo consiguen, pero los rayos de luz luchan por ganar la batalla contra la noche, tan fría y despiadada, segando las esperanzas que las almas han ido fraguando durante su existencia.

Lentamente, la luz pide paso para así proseguir su camino. Arrastrando consigo un lastre, avanza por el sendero que intenta trazar con su andar, apartando oscuridad a su paso.

La batalla continua, como cada nuevo día, sin saber el final, con la incertidumbre de cómo terminará esa gesta, para bien, como anhelamos, o para mal, como evitamos.

domingo, septiembre 10, 2006


TRISTE DESPERTAR


Abro los ojos, ya estoy despierta. Miro al frío techo y luego dirijo la vista hacia ti. Estás a mi derecha, sonriendo, rodeándome con un brazo. Te quiero. Pienso en lo guapo que estás, en lo mucho que me gusta besar esos labios, acariciar ese mentón…

Playa, noche, mar y olas. Tú y yo, amándonos, observando la luna. Tiemblo al apoyar mi cabeza contra tu pecho, mientras tú me acaricias el pelo suavemente.

Hay pasión, nos queremos, soy feliz. Observo tu radiante rostro, enamorándome aun más.

Comentas que te gusta ir de compres conmigo, en 10 minutos me he recorrido todas las tiendas. Me hace gracia el comentario y te rodeo con los brazos.

Me encanta pasear a tu lado. Me siento la mujer más importante del mundo porque puedo caminar de tu mano, seguro que el resto se mueren de envidia, pienso.

Estoy nerviosa, no quiero tocar, siempre me pongo así. No obstante, una de tus sonrisas es suficiente para que vaya decidida al piano.

Bonita película, precioso final. Besas las lágrimas de mis mejillas y me susurras palabras cariñosas.

Vagamos por las estrechas calles del pequeño y hermoso pueblo. Las casas son todas blancas, encaladas, lo que le da un aspecto de pureza que hace al pueblo más bello aun. Te empeñas en cargar conmigo, ya que consideras que mis rodillas no pueden soportar tantas cuestas y escalones.

Amor. Paseos. Sol. Ciudad. Besos. Mar. Cenas. Música. Abrazos. Palabras. Susurros. Lágrimas. Despedidas…

No se me borran de la mente esos ojos color miel del primer día, esa mirada. También recuerdo tus manos, tu pelo, tu manera de andar, de vestir, de hablar…

…Y esa sonrisa…

Abro los ojos, ya estoy despierta. Miro al frío techo y luego dirijo la vista hacia ti. Estás a mi derecha, sonriendo, rodeándome con un brazo. Te quiero. Pienso en lo guapo que estás, en lo mucho que me gusta besar esos labios, acariciar ese mentón… Cierro los ojos y suspiro. Lágrimas comienzan a brotar. Te miro: sonríes, me estás abrazando. Pero no te mueves, permaneces estático. Sigo embelesada mirando tu sonrisa… Lástima que la única manera de contemplar tu hermoso rostro sea mirando esa maldita fotografía.

domingo, julio 30, 2006


Manual Ogame: Cómo triunfar de manera rápida



- Comienza con muchas ganas e ilusión, estos dos sentimientos son indispensables a la hora de resistir y no tirar la toalla a la primera de cambio.

- Quédate mirando el monitor sin saber qué hacer, eso aumenta los sentimientos antes mencionados, hasta el punto en el que sientes que si no sabes manejar perfectamente el juego tu vida no tendrá sentido.

- Te das cuenta de que es hora de buscarse una alianza, por lo que envías tu solicitud a la que te parece decente, o simplemente a la primera en la que veas que las posibilidades de ser aceptado son bastante altas.

- ¡Ya estás en una alianza! Los famosos sentimientos crecen más aún.

- Recuerdas todas tus dudas, así que decides compartirlas con el resto de la alianza, aunque ya las hayan preguntado quince antes de ti: seguro que los más expertos se sienten mejor después de contestar una y otra vez a lo mismo, subirá su autoestima el ver cómo siguen confiando en ellos a pesar de que ya esté todo respondido.

- No sabes qué decir en el foro, así que te dedicas a hacer spam por todas partes para así ser conocido rápidamente.

- Entrando en el apartado de tu alianza en Ogame descubres el mejor botón jamás inventado: “Enviar Correo Circular”. Crees conveniente compartir todas y cada una de tus acciones con el resto de la alianza. Después de todo, son tus compañeros, ¿no? Seguro que les interesará mucho que ya hayas acabado la mina de metal al nivel 8, que necesites recursos y esperas que alguna buena persona te los mande por amor al arte o que tu perro tenga pulgas. Todas estas cosas y muchas más hacen que tus compañeros de alianza sigan vivos: no podrían vivir sin saber cómo evoluciona el embarazo de tu vecina.

- Sigues sin saber qué decir en el foro, pero ya te cansaste de hacer spam, así que te callas.

- Para celebrar que no sabes qué decir en el foro, mandas unos cuantos CCs: tu vecina fue al ginecólogo el otro día, no sabes para qué sirve el phalanx y tu perro ha superado la plaga de pulgas.

- El jefe o administrador de tu alianza te informa de la obligación de participar en el foro. Te sientes ofendido ante ese comentario, pues ya has participado lo suficiente: tienes doce mensajes.

- Como todavía no sabes qué decir en el foro, haces un poco de spam para que no te digan nada.

- El jefe o administrador te vuelve a advertir sobre tu manera de participar en el foro, por lo que te indignas y tienes el valor, por no decir morro, de plantarle cara.

- Ya con el temperamento más calmado, mandas unos cuantos CCs para relatar a todos la gran ofensa que has sufrido por parte del jefe de la alianza, deberían despedirle: seguro que con lo que cobra vive en un chalet con una piscina increíble. Aprovechas para informar a tus compañeros del sexo del bebé que espera la vecina y de la muerte de tu pececito de colores.

- Mientras ocurría todo esto, has ido sumando puntos y subiendo puestos. Aún eres el top 3.593, pero te sientes orgulloso de tus 383 NBs, así que corres al foro a contarle a todos tu propósito de desafiar al top 43, ya que cuando tenías 6.981 puntos te atacó.

- Consideras que el foro no es un medio de comunicación lo bastante rápido, así que informas de todo esto por CC: es muy urgente que todos sepan de tu valentía y tu futura victoria.

- Ya llevas, entre spam y loas a tu persona y tu flota, 32 mensajes en el foro, por lo que consideras que ya tienes suficientes y dejas de participar en el foro. No obstante, eso no significa que dejes de participar en la alianza: mandas cada día varios circulares para así continuar con la gran labor social que supone el mantener encendida la llama en los corazones de tus compañeros. La vecina ya compró el carrito del futuro bebé, el otro día tu hermana se abrió la cabeza, coincidiendo en hora con la gran reciclada que le hiciste a un pringadillo – 6 naves pequeñas de carga y 14 ligeros.

- El top al que perseguías se marchó a otra galaxia. Es sabio y ha huido de ti.

- Has aprobado con un 5’1 el dificilísimo examen de inglés del verbo to be, así que para celebrarlo lo comentas en el foro y, ya que estás dentro, spammeas un poco.

- Como no podía ser de otra manera, uno de los circulares del día hace referencia a dicho examen.

- Te enteras de que el top que huyó de ti ha reciclado a un top 200 de tu alianza. Piensas “Qué cobarde, ataca a los más débiles, como le pille yo con mis casi 400 NBs…”

- Tu vecina ya ha dado a luz. La criatura se llama David y pesó 3.491 gramos. Informas con varios CCs de ello (en uno incluso adjuntas el link a una foto del bebé), aprovechando para preguntar qué regalo llevar al bautizo.

- El jefe de la alianza vuelve a dirigirse a ti, hablándote del foro y tu escasa participación. Le contestas con el dicho de “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”, y le recuerdas su ineptitud, informándole de tu intención de hacerte con el mando de la alianza, ya que así las cosas irán mucho mejor.

- Haces spam, mandas CCs, amenazas a tres tops, sigues haciendo flota aunque tengas las minas al 15… Todo transcurre con normalidad: es un día más.

domingo, marzo 19, 2006

AUSENCIA

…Y mi ángel me abandonó.

Me dejó sola, tirada en el barro. El pelo, sucio, me caía sobre la cara, tapándome los ojos, unos ojos llenos de desolación. Los puños apretados, las vestiduras hechas harapos, así me había dejado y así me quedaría para siempre.

En mi alma, la rabia y la frustración tejían una red de soledad que me empañaba los ojos, en los cuales la imagen de su partida se reflejaba una y otra vez, recordándome a cada instante que ya no estaba.

No sabía exactamente qué hacía allí, sólo sentía aflicción, un dolor que me quemaba por dentro. Era el mismo dolor que sentí cuando, tiempo atrás, mi musa también se marchó.

Venían a mi mente imágenes que no podía olvidar, estaban tatuadas en mi ánima. Veía montañas de libros ardiendo, novelas desgarradas, páginas por los suelos, estanterías derrumbadas… Recordaba perfectamente ese día, en el que el mundo lloró de angustia por la muerte de algo tan preciado como es la inspiración. Desde aquel día sufría espasmos cada vez que sentía en mi nuca el estertor de la soledad en la que me había sumido.

Observaba el movimiento de las nubes, grises y cargadas de electricidad, sin inmutarme. Ya nada importaba, sólo estábamos yo y mi agonía. Había vagado por lugares yermos, sin vida, hasta llegar a ese barrizal…

…y mi ángel me abandonó.

miércoles, enero 04, 2006

MEMORIAS DE sÉcTICA: LA RESISTENCIA


LIBRO 1

CAPÍTULO 12 – 7 Y 9/12/05: SE ACERCA

El Esquizofrénico nos hizo una pregunta muy larga, que debíamos contestar pro escribo y que nadie entendió. Decía algo de que cómo habían influido la Iglesia y la Ciencia en las relaciones humanas y en los actos dirigidos a otras personas. A los que escriben con letra minúscula les ocupó cinco líneas… El profe aseguraba que la respuesta estaba en el libro, y nosotros nos pusimos a buscar en él algo relacionado con el racismo, sexismo y peleas entre distintas etnias, pues era lo que todos habíamos entendido.

Por más que buscamos, no encontramos nada, así que escribimos la respuesta con nuestras propias palabras y se lo entregamos.

Cuando nos devolvió los trabajos ya corregidos, pudimos ver, no sin sorpresa, que nadie había dado con la respuesta correcta. La cosa iba sobre la destrucción de la naturaleza y todo eso, según el Esquizofrénico.

Lógicamente, nos pusimos a protestar, pero él hacía oídos sordos a nuestras preguntas y nos repitió que en el libro estaba todo.

En la hora siguiente teníamos Física, con la tutora, así que le leímos la pregunta. Ella nos dijo que iba relacionada con los derechos humanos y cosas así, según ella había entendido, cosa que nosotros habíamos hecho igual. Cual fue su sorpresa cuando le dijimos que se equivocaba y le leímos la respuesta “correcta”. No la entendió, y nosotros aun seguimos sin entenderla, pero bueno.

CAPÍTULO 13 – 14/12/05: PERDÓN BREVE

Volvimos a protestar por lo de las preguntas, y lo contamos lo de la tutora, pero él ni caso.

También nos dijo que los resúmenes de las 13 páginas del libro estaban bastante mal, porque estaban resumidos. ¿No es eso lo que se pide en un RESUMEN? Pues no, él no paraba de decir:

- Resumen breve, igual a nota breve.

Al final ya nos hartamos de decirle que los resúmenes son cortos, que no te podían dar una novela de 100 páginas y escribir el Quijote para resumirla…

Él dijo que como teníamos mal los ejercicios, ya estábamos suspendidos. No sé qué rollos se trae. Le pedimos una segunda oportunidad, es decir, que nos mandara más ejercicios, pero él nos contestó que no, que lo de pedir perdón solo es de cristianos.

Nos miramos extrañados, mientras él continuaba con su perorata de que en países no cristianos ni se pedía perdón ni se perdonaba… Cosas suyas, así que le dejamos.

CAPÍTULO 14 – 16/12/05: CONDENADOS

Entró a clase y le pedimos las notas finales, y cuando nos las dijo nos heló la sangre…

Protestamos mucho, muchísimo, ya que según los criterios de evaluación establecidos por él mismo todos teníamos como mínimo un 5… u-u

Yo llegué a casa de muy mala hostia, ya que había tenido un día pésimo: a segunda hora la matanza de 40 minutos de EF; a tercera la bronca con el de Mates, que ponía las notas como quería y hacía las medias también como le vino en gana (a mí me salía un 9’6, con lo que tenía el 10 asegurado, pero él decía que no, que la media de 9’75 y 9’5 era 9’8… u_u); a cuarta la de Laboratorio de Biología también puso las notas como le salió; y a quinta lo de Ética… Un día muy estresante para ser el último día de exámenes del trimestre.


martes, enero 03, 2006


ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 7: OTRO HIPERBREVE

Sentía que su vida pendía de un hilo, que las cadenas le arrastraban cada vez más y más hacia algo tan inevitable como su muerte. Le angustiaba esa idea, su vida no había sido larga, tan solo unos años, pero se resignó y aceptó que su vida iba a finalizar...

...la puerta se cerró de golpe y el diente de leche salió limpiamente, sin causar ningún dolor.

lunes, diciembre 19, 2005

RETO FINAL

Nuestra misión había comenzado. Sabíamos que podíamos morir en el intento, pero cuando estás enrolado en el ejército es obligatorio cumplir todas las órdenes de tus superiores, sin importar lo que fuera. Si no lo hacías, se celebraba un Consejo de Guerra y las penas eran terribles, inhumanas. La pregunta era si merecía la pena llegar a un Consejo de Guerra o no, aunque la misión que tuviésemos ante nosotros fuera horrible.

Al final, habíamos decidido acatar las órdenes de la sargento. Todos y cada uno de nosotros, hasta el final, sin mirar atrás.

Y así nos vimos inmersos en este infierno que duraría bastante tiempo…

Durante la realización de la misión nos infundíamos ánimos mutuamente, diciéndonos que cada vez quedaba menos. Después de esa misión, además, disfrutaríamos de un periodo de vacaciones navideñas, lo que nos permitiría recuperarnos tanto psíquica como físicamente.

La sargento nos observaba, con los brazos cruzados y mirada inquisidora, mientras sufríamos cada vez más y más.

El aire helado dañaba nuestros pulmones a cada inspiración, estábamos tomando bocanadas de muerte. Pero eso no nos importaba, un bajo y una batería marcaban nuestros pasos, que se seguían sin descanso unos a otros, siempre regulares.

Quedaba menos tiempo a cada interminable minuto que pasaba, era esperanzador a la vez que desesperante. Algunos sufrieron crisis al poco de haber comenzado nuestra tarea, pero lograron superarlas y seguir adelante, y ahora ya llevábamos bastante tiempo aguantando.

Contamos juntos los últimos segundos que faltaban, deseando que llegase el ansiado final.

Al llegar a nuestro destino, solo vimos un puñado de niños, cansados, sudorosos, pero sonrientes y felices, abrazándose unos a otros.


UN SÁBADO CON IMPORTANCIA PERO, EN EL FONDO, CARENTE DE ELLA



Habíamos quedado Isa y yo con María Cabrera en una plaza, que estaban todos los nuevos integrantes de la Unió Musical de Benidorm esperando a que los recogiera la banda para hacer el acto oficial de entrada en la banda y todo eso.

Llegamos a la plaza y nos dice María que a ver si venían ya los músicos, que la misa era a las seis y llegaríamos tarde…

- ¿Misaaaaaaa? – gritamos Isa y yo, asustadas.

Al rato, llega la banda… ¡¡¡con una imagen de Santa Cecilia, la patrona de los músicos, encabezándola!!! Como Isa y yo pasábamos de ir de procesión detrás de un cacho madera y también de la misa, subimos al castillo (donde está la iglesia principal de Benidorm) por otra calle y luego allí nos compramos una coca cola y nos sentamos en un banco a esperar a que se acabase la misa.

María Picó vendría a esa plaza, que habíamos quedado con ella también.

Estábamos Isa y yo en el banco afinando las latas de coca cola (al mover la anilla suena, pues iba yo bebiendo para que fueran iguales… me aburro y soy una músico paranoica, ¿qué pasa?) cuando se nos sienta al lado un señor mayor (para mí aun era un “señor mayor”, con respeto hacia los ancianos), de unos 70 y tantos.

El señor nos dijo que qué bonitos los años de juventud, y qué bellas las chicas jóvenes como nosotras y blablabla. Nos preguntó la edad, yo mentí y dije que tenía 17, con la esperanza de que nos dejara en paz, pero Isa dijo la real, 15. Desde ese instante, Isa empezó a reírse, disimulándolo bebiendo Coca Cola sin parar. Decía que Isa tenía muchos granitos porque estaba muy saludable y blablabla….

También nos preguntó si estábamos novias, y ambas le dijimos la verdad: que sí. Comenzó a hablarnos de una muchacha que conocía él de Madrid (no era de Benidorm, estaba aquí de vacaciones el señor este), que no tenía novio, sino un amigo con derecho a roce, pero al señor este no le parecía bien, que tenía que ser ya, con 19 años que tenía la chica, de novia y para casarse. La muchacha le contaba al señor, según nos decía él, que ella se acostaba con su amigo con derecho a roce cuando sus padres no estaban en casa y blablabla…

El viejo (en este punto en que empieza a hablar de estos temas deja de ser un señor mayor para convertirse en viejo) nos preguntó si nosotras queríamos mucho al chico con el que salíamos. Le contesté que no salíamos con ningún chico, que Isa era mi pareja.

- ¡Ah! Así que vosotras sois “livianas”…

Casi me atraganto por aguantarme la risa, y el banco no dejaba de moverse por los espasmos de Isa, que intentaba contener también las carcajadas con la lata de Coca Cola en la boca…

Nos habló de un amor de su juventud, que al final le dejó por una. Comentó que amigas suyas “que les gustaban las hembras” decían que disfrutaban más con hembras que con machos, ya que habían probado con ambas cosas…

El viejo verde (va subiendo de categoría el hombre) siguió hablándonos de todo eso, sin dejarse ni un detalle, mientras yo miraba fijamente hacia el campanar sin escucharle apenas, ya que me ponía mala, mientras pensaba algo para librarnos de él.

Cuando dijo esta frase, que jamás olvidaré, ya sí que no aguanté más:

- Podías darle un meneo a tu novia para que se le quiten los granos… Seguro que cuando acabáis de hacer el amor tiene mejor cara. Porque cuando vosotras os corréis…

- Isa, ¿qué hora es? ¿No habíamos quedado con Picó a y veinticinco en su casa? –dije precipitadamente, y me giré hacia el viejo verde-. Lo siento, hemos quedado con una amiga y tenemos que irnos.

Nos levantamos, nos cogimos por la cintura y nos fuimos cagando leches… Lástima que no tuviera una grabadora, eso se podría denunciar como acoso (no he puesto todo lo que nos dijo, y sus palabras daban asco).

Cuando bajamos la cuesta que sube hasta el castillo, nos llamó la Picó: estaba en la plaza de la iglesia. Nosotras no pensábamos subir otra vez, así que quedamos en la Quetzal, una tienda hippilonga.

Nos probamos ropa, la Picó descambió unos pantalones que se había comprado el día anterior, ya que le venían algo grandes.

Consideramos que ya se habría acabado la misa y que estarían ya todos en la Unió Musical, así que fuimos para allá.

Estuvimos allí viendo las audiciones, y la Picó se fue a… digamos que se fue xD Entonces Isa y yo nos marchamos también, a echarnos un billar. Salimos traumatizadas de los recreativos, ya que no paraban de entrar viejos para ir al aseo y se nos quedaban mirando el culo (al estar agachadas para tirar y tal). Incluso uno tuvo la osadía de plantarse a nuestro lado para vernos jugar, sin perder la perspectiva de nuestro trasero, claro está.

Volvimos a la UMB (Unió Musical de Benidorm), y luego vino la Picó. Vimos las audiciones, cenamos y blablabla…

Picó, Isa y yo decidimos irnos a tomar algo, ya que las dos estaban deprimidas por sus respectivas parejas y no tenían ganas de ir a la fiesta.

Decidimos ir al Franky’s, un pub donde ponen buena música (rock y metal, vamos xD) a jugar al duro. Este juego consiste en poner cuatro vasos de chupitos, que previamente habían sido rellenados del cubalitros de vodka con lima y limón que habíamos comprado, uno en el medio y tres rodeándolo. Se tira una moneda de dos céntimos contra la mesa, haciendo que rebote. Si entra en uno de los vasos exteriores, el que ha tirado el “duro” (ahora son céntimos, pero bueno xD) manda ese vaso a otro jugador, para que se lo beba. Si cae en el del centro, el tirador envía los 4 vasos como quiera, pudiendo quedárselos todos él/ella, mandarlos todos a alguien, repartirlos…

Jugamos con dos cubalitros (9 chupitos cada una), y nos fuimos a dar una vuelta para esperar a la madre de Isa, que tenía que recogernos porque estaba de cena de empresa.

Llegué a casa a las 2 y cuarto, más tarde de lo normal. Me lo había pasado medianamente bien.