COSAS DE NIÑOS
Aquí tenéis un relatillo que he escrito ahora mismo, con la intención de colgarlo en el blog comunitario de relatos en el cual estoy, pero ya que estoy colgando, pues lo pongo aquí también para que lo leáis los que no os pasáis por ése. Es bastante cortito, pero espero que os guste. Ya os explicaré el origen de la idea... =P
Nada más cerrar los ojos para intentar dormir, los gritos vuelven a sonar, reclamando mi atención.
Cansada, me levanto, cojo al bebé en brazos y lo mezo hasta que se queda dormido otra vez. Lo acuesto en la cuna y lo arropo con suma delicadeza, para no despertarlo.
Suspiro de alivio al comprobar que ya está dormido, pero ese suspiro es bastante para conseguir que Iván, su hermano, comience a llorar.
Corro hasta su cuna y me apresuro a hacerlo callar antes de que despierte a Iker, pero no puedo evitar que abra la boca, con los ojos aun cerrados, y comience a quejarse también.
Genial, ¡ahora tengo dos bebés llorando!
Cojo cada niño con un brazo y me siento en un sillón, esperando a que se calmen.
Cuando lo hacen, los vuelvo a meter en sus cunas y me acuesto.
El reloj digital me mira, desafiante, recordándome que ya son las cuatro y media y no he conseguido dormir aun.
Sueño con el día en el que los vi por primera vez, en Navidades. Fue un día muy emotivo para mí, como supongo que para todo el mundo.
Más llantos, abro los ojos y ahí está el reloj, observándome desde sus infernales números que marcan las seis menos diez. Ahora sé por qué los hacen con los números rojos: son diabólicos.
La hora de los biberones.
Después de prepararlos, tomo a Iker y le doy el suyo. Luego hago lo mismo con Iván.
Han vuelto a callar, y yo vuelvo a intentar descansar.
Pienso en lo duro que es tener un bebé, pero que más aun es tener dos, y encima a la vez.
Ya es de día, otro cansado día más. Y otro caluroso día más, en agosto nada perdona.
Otro día más sin despegarme de los bebés, otra noche más sin descansar.
Pero las cosas son así.
No quiero ni pensar en el día en que deje las muñecas y tenga uno de verdad, con un poco de suerte (o mala suerte, según se mire), dos.
