lunes, diciembre 19, 2005

RETO FINAL

Nuestra misión había comenzado. Sabíamos que podíamos morir en el intento, pero cuando estás enrolado en el ejército es obligatorio cumplir todas las órdenes de tus superiores, sin importar lo que fuera. Si no lo hacías, se celebraba un Consejo de Guerra y las penas eran terribles, inhumanas. La pregunta era si merecía la pena llegar a un Consejo de Guerra o no, aunque la misión que tuviésemos ante nosotros fuera horrible.

Al final, habíamos decidido acatar las órdenes de la sargento. Todos y cada uno de nosotros, hasta el final, sin mirar atrás.

Y así nos vimos inmersos en este infierno que duraría bastante tiempo…

Durante la realización de la misión nos infundíamos ánimos mutuamente, diciéndonos que cada vez quedaba menos. Después de esa misión, además, disfrutaríamos de un periodo de vacaciones navideñas, lo que nos permitiría recuperarnos tanto psíquica como físicamente.

La sargento nos observaba, con los brazos cruzados y mirada inquisidora, mientras sufríamos cada vez más y más.

El aire helado dañaba nuestros pulmones a cada inspiración, estábamos tomando bocanadas de muerte. Pero eso no nos importaba, un bajo y una batería marcaban nuestros pasos, que se seguían sin descanso unos a otros, siempre regulares.

Quedaba menos tiempo a cada interminable minuto que pasaba, era esperanzador a la vez que desesperante. Algunos sufrieron crisis al poco de haber comenzado nuestra tarea, pero lograron superarlas y seguir adelante, y ahora ya llevábamos bastante tiempo aguantando.

Contamos juntos los últimos segundos que faltaban, deseando que llegase el ansiado final.

Al llegar a nuestro destino, solo vimos un puñado de niños, cansados, sudorosos, pero sonrientes y felices, abrazándose unos a otros.


UN SÁBADO CON IMPORTANCIA PERO, EN EL FONDO, CARENTE DE ELLA



Habíamos quedado Isa y yo con María Cabrera en una plaza, que estaban todos los nuevos integrantes de la Unió Musical de Benidorm esperando a que los recogiera la banda para hacer el acto oficial de entrada en la banda y todo eso.

Llegamos a la plaza y nos dice María que a ver si venían ya los músicos, que la misa era a las seis y llegaríamos tarde…

- ¿Misaaaaaaa? – gritamos Isa y yo, asustadas.

Al rato, llega la banda… ¡¡¡con una imagen de Santa Cecilia, la patrona de los músicos, encabezándola!!! Como Isa y yo pasábamos de ir de procesión detrás de un cacho madera y también de la misa, subimos al castillo (donde está la iglesia principal de Benidorm) por otra calle y luego allí nos compramos una coca cola y nos sentamos en un banco a esperar a que se acabase la misa.

María Picó vendría a esa plaza, que habíamos quedado con ella también.

Estábamos Isa y yo en el banco afinando las latas de coca cola (al mover la anilla suena, pues iba yo bebiendo para que fueran iguales… me aburro y soy una músico paranoica, ¿qué pasa?) cuando se nos sienta al lado un señor mayor (para mí aun era un “señor mayor”, con respeto hacia los ancianos), de unos 70 y tantos.

El señor nos dijo que qué bonitos los años de juventud, y qué bellas las chicas jóvenes como nosotras y blablabla. Nos preguntó la edad, yo mentí y dije que tenía 17, con la esperanza de que nos dejara en paz, pero Isa dijo la real, 15. Desde ese instante, Isa empezó a reírse, disimulándolo bebiendo Coca Cola sin parar. Decía que Isa tenía muchos granitos porque estaba muy saludable y blablabla….

También nos preguntó si estábamos novias, y ambas le dijimos la verdad: que sí. Comenzó a hablarnos de una muchacha que conocía él de Madrid (no era de Benidorm, estaba aquí de vacaciones el señor este), que no tenía novio, sino un amigo con derecho a roce, pero al señor este no le parecía bien, que tenía que ser ya, con 19 años que tenía la chica, de novia y para casarse. La muchacha le contaba al señor, según nos decía él, que ella se acostaba con su amigo con derecho a roce cuando sus padres no estaban en casa y blablabla…

El viejo (en este punto en que empieza a hablar de estos temas deja de ser un señor mayor para convertirse en viejo) nos preguntó si nosotras queríamos mucho al chico con el que salíamos. Le contesté que no salíamos con ningún chico, que Isa era mi pareja.

- ¡Ah! Así que vosotras sois “livianas”…

Casi me atraganto por aguantarme la risa, y el banco no dejaba de moverse por los espasmos de Isa, que intentaba contener también las carcajadas con la lata de Coca Cola en la boca…

Nos habló de un amor de su juventud, que al final le dejó por una. Comentó que amigas suyas “que les gustaban las hembras” decían que disfrutaban más con hembras que con machos, ya que habían probado con ambas cosas…

El viejo verde (va subiendo de categoría el hombre) siguió hablándonos de todo eso, sin dejarse ni un detalle, mientras yo miraba fijamente hacia el campanar sin escucharle apenas, ya que me ponía mala, mientras pensaba algo para librarnos de él.

Cuando dijo esta frase, que jamás olvidaré, ya sí que no aguanté más:

- Podías darle un meneo a tu novia para que se le quiten los granos… Seguro que cuando acabáis de hacer el amor tiene mejor cara. Porque cuando vosotras os corréis…

- Isa, ¿qué hora es? ¿No habíamos quedado con Picó a y veinticinco en su casa? –dije precipitadamente, y me giré hacia el viejo verde-. Lo siento, hemos quedado con una amiga y tenemos que irnos.

Nos levantamos, nos cogimos por la cintura y nos fuimos cagando leches… Lástima que no tuviera una grabadora, eso se podría denunciar como acoso (no he puesto todo lo que nos dijo, y sus palabras daban asco).

Cuando bajamos la cuesta que sube hasta el castillo, nos llamó la Picó: estaba en la plaza de la iglesia. Nosotras no pensábamos subir otra vez, así que quedamos en la Quetzal, una tienda hippilonga.

Nos probamos ropa, la Picó descambió unos pantalones que se había comprado el día anterior, ya que le venían algo grandes.

Consideramos que ya se habría acabado la misa y que estarían ya todos en la Unió Musical, así que fuimos para allá.

Estuvimos allí viendo las audiciones, y la Picó se fue a… digamos que se fue xD Entonces Isa y yo nos marchamos también, a echarnos un billar. Salimos traumatizadas de los recreativos, ya que no paraban de entrar viejos para ir al aseo y se nos quedaban mirando el culo (al estar agachadas para tirar y tal). Incluso uno tuvo la osadía de plantarse a nuestro lado para vernos jugar, sin perder la perspectiva de nuestro trasero, claro está.

Volvimos a la UMB (Unió Musical de Benidorm), y luego vino la Picó. Vimos las audiciones, cenamos y blablabla…

Picó, Isa y yo decidimos irnos a tomar algo, ya que las dos estaban deprimidas por sus respectivas parejas y no tenían ganas de ir a la fiesta.

Decidimos ir al Franky’s, un pub donde ponen buena música (rock y metal, vamos xD) a jugar al duro. Este juego consiste en poner cuatro vasos de chupitos, que previamente habían sido rellenados del cubalitros de vodka con lima y limón que habíamos comprado, uno en el medio y tres rodeándolo. Se tira una moneda de dos céntimos contra la mesa, haciendo que rebote. Si entra en uno de los vasos exteriores, el que ha tirado el “duro” (ahora son céntimos, pero bueno xD) manda ese vaso a otro jugador, para que se lo beba. Si cae en el del centro, el tirador envía los 4 vasos como quiera, pudiendo quedárselos todos él/ella, mandarlos todos a alguien, repartirlos…

Jugamos con dos cubalitros (9 chupitos cada una), y nos fuimos a dar una vuelta para esperar a la madre de Isa, que tenía que recogernos porque estaba de cena de empresa.

Llegué a casa a las 2 y cuarto, más tarde de lo normal. Me lo había pasado medianamente bien.

jueves, diciembre 08, 2005


ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 6: UN HIPERBREVE

Estaba sumida en los tristes pensamientos de su soledad cuando algo la devolvió al mundo. Era aquella maravillosa música que hacía meses que no oía... Su corazón se llenó de alegría. Alargó el brazo pero, de repente, la agradable música cesó.

Habían colgado.

lunes, diciembre 05, 2005


ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 5: CARTAS MATINALES


De hija a madre:

¿Acaso son mis ojos, mentirosos,
los que me llevan a la confusión?
¿Acaso soy yo, incrédula,
la que no cree esta visión?

Un paquete de azúcar
comprado habéis;
mas os debe haber costado una vida,
pues sin él casi perecéis.

De madre a hija:

¿Pensásteis quizás, rufián,
que este azúcar es para vos?
Mas perdonand que os diga,
si lo tocáis, estáis perdida.

No es para mí ni para vos,
pues se adquirió pensando en un rico manjar,
que con cariño y esmero
me prepara mi mamá.

¿Pensásteis, malandrina,
que tan preciado presente
se mercó sin más para satisfaceros a vos?
¡¡¡Pues va a ser que no!!!

domingo, diciembre 04, 2005

MEMORIAS DE sÉcTICA: LA RESISTENCIA


LIBRO 1


CAPÍTULO 9 – 9/11/05: EL CONEJO DE LA SUERTE

Los alumnos que dan la asignatura de tecnología estaban ese día de excursión, así que seríamos poco más de la mitad… ya teníamos excusa para no dar clase y liársela.

Antes de que llegase, pegamos todas las mesas a la pared y nos sentamos en el suelo en corro. Cuando entró en clase nos pusimos a jugar al Conejo de la Suerte, no sé si conocéis la canción:

Ay el Conejo de la Suerte,

ha salido esta mañana

a la hora de comer.

¡Oh, sí! ¡Ya está aquí!

Con cara de inocencia,

mostrando indiferencia,

tú besarás al chico o a la chica

que te guste más.

Y te debe de gustar mucho, mucho más.

Plis, plás.

Se nos quedó mirando con cara rara y nos dijo que nos sentáramos. Laura le respondió:

- No, profe, que ya estamos sentados y además es muy divertido, ¡juega con nosotros!

- Sí, aquí a mi lado – añadió Vilches, haciéndole un hueco para que se sentase.

El resto ya no podíamos aguantar más la risa.

Cuando nos levantamos, le pedí permiso para ir al aseo, y me lo concedió.

Estaba saliendo de clase cuando oigo un grito del profe a mis espaldas:

- ¿¿¿¡¡¡Y tú dónde vas!!!!???

Al aseo, me acabas de dar permiso…

Ah… - dijo, con cara de besugo.

El tiempo restante hasta que finalizara la clase lo pasamos hablando y haciendo deberes mientras él nos observaba con una mirada entre nerviosa e inquisidora desde detrás de su escritorio.

CAPÍTULO 10 – 18/11/05: EL PROFE INCOMPRENDIDO

Yo en esta clase no estuve presente, ya que me encontraba de viaje, pero me lo han contado y voy a plasmar ese relato lo mejor que pueda…

Colocaron el escritorio y el sillón del profe al final del aula. Cuando el Cansino entró y vio el hueco dejado por su mesa, la buscó con la mirada. Al encontrarla, gritó un “aquí no puedo dar clase” y se fue.

Rápida y espontáneamente, mis compañeros se coordinaron: Millán y la Picó fueron a por el escritorio, y los de las filas centrales apartaron al unísono sus mesas. Más tarde, Laura me confesaría que había sido algo digno de ver, equiparable a la apertura del mar por parte de Moisés.

Ya estaba la mesa en su sitio, y todos sentados, cuando alguien gritó:

- ¡¡¡La silla!!!

Jorge se cargó la silla en la cabeza y la llevó corriendo al sitio que le correspondía.

Todos sentados, serios, con cara de niños buenos… esa fue la escena que se encontraron en Cansino y el Jefe de Estudios cuando entraron.

Tartamudeando, el Esquizofrénico le repetía al Jefe de Estudios que antes su escritorio no estaba allí. Antonio (el J. de Estudios) le miraba con cara incrédula.

Al final Antonio optó por irse, pero antes reprendió a los alumnos por tener unos papeles en el suelo, al no encontrar nada grave por lo que echarles la bronca y sentir la obligación de hacerlo.

Ya sin Antonio en clase, el Cansino comenzó a llamarles consentidos. María Cabrera le preguntó que si podía ir a por un diccionario. El profe se lo negó, así que ella insistió:

- Si nos llamas una cosa, quiero saber exactamente lo que nos llamas.

Al final, por pesada, le dejó ir.

En el diccionario, María leyó la siguiente definición:

- “Consentido: al que se lo permiten todo.” Profe… ¿tú nos lo permites todo? ¡No!

- ¿Cómo que no? ¡Mira a Vilches! – respondió el Cansino, señalando a vilches, que botaba una pelota. *

- ¿Y tú se lo permites?

- ¡Pues no!

- ¿Ves? No nos lo permites todo.

Acabó el profe un poco desquiciado después de esta conversión…

Luego empezó a decir que si éramos todos unos racistas, y nuestros padres más aún, por apuntarnos a la línea valenciana. Según él, lo hacíamos sólo porque en la línea no hay inmigrantes… Hubo bronca después de esa afirmación.

Y hasta aquí llegan mis recuerdos de lo relatado de la, según todo el mundo, mejor clase de sÉcTICA hasta la fecha.


*No estoy segura de que Vilches jugara con una pelota, pero era algo así...

CAPÍTULO 11 – 2/12/05: ¡¡¡VISCA LA PAELLA VALENCIANA!!!

Nos coordinamos para hacer el juego de la paella… Dicho juego consiste en levantarse cuando digan el ingrediente que te han asignado. Cuando se diga “paella”, deben levantarse todos. Si no recuerdo mal, la distribución era la siguiente:

Pimientos: Alba, Laura y yo

Arroz: Zita y la Picó

Sepia: Millán y Jorge

Alcachofa: Vilches y Javi

Carne: Xabel…

Y ya no recuerdo más…

Después de un rato de cachondeo, el Cansino se hartó y nos mandó hacer un resumen de 13 páginas. Para intentar librarnos de dicha tarea, Vilches, a quien el Cansino recuerda perfectamente por ser “Vilches, con uve de barco”, dijo:

- ¿Y por qué no juegas con nosotros? ¡Tú serás el mejillón! Cuando digamos mejillón, tú tendrás que levantarte.

- ¡Que no! ¡Que hagáis el resumen!

- ¡Encima que te dejamos ser el mejillón! Todo el mundo quería ser el mejillón, pero yo dije: “no, mejor se lo dejamos al señor profesor”. ¡Y ahora vas tú y no quieres ser el mejillón!

- ¡Os voy a poner un negativo!

- ¡¡¡MEJILLÓN TRAIDOR!!! – el grito de Vilches produjo una carcajada general.

El resto de la clase la pasamos jugando a la paella mientras intentábamos hacer los resúmenes. Lo peor es que somos unos cabrones y decíamos el nombre de un ingrediente justo cuando el profe estaba delante de la persona que tenía asignado ese ingrediente. Y claro… no había otro remedio que levantarse, ante la mirada inquisidora del Cansino. A mí me lo hicieron varias veces, la mayoría de ellas la Picó.

sábado, diciembre 03, 2005

ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 4: SÍNTOMAS DE UNA BUENA BORRACHERA



Primer síntoma: pies fríos i húmedos.

Causa: el vaso está siendo agarrado en el ángulo incorrecto.

Solución: girar el vaso hasta que la parte abierta quede para arriba.

Segundo síntoma: pies calientes y mojados

Causa: te has meado

Solución: ve a secarte al aseo más próximo

Tercer síntoma: la pared de enfrente está llena de luces

Causa: has caído de espaldas

Solución: posiciona tu cuerpo a 90º respecto al suelo.

Cuarto síntoma: tu boca está llena de colillas de cigarros

Causa: has caído de morros sobre un cenicero

Solución: escúpelo todo y aclárate la boca con un buen gintonic

Quinto síntoma: el suelo está borroso

Causa: estás mirando a través de un vaso vacío

Solución: más de tu bebida favorita

Sexto síntoma: el suelo se mueve

Causa: estás siendo arrastrado

Solución: pregunta, al menos, a dónde te llevan

Séptimo síntoma: reflejo múltiple de caras mirándote desde el agua

Causa: estás en el inodoro intentando potar

Solución: métete el dedo (en la garganta)

Octavo síntoma: sientes que la gente habla produciendo un misterioso eco

Causa: tienes el vaso en la oreja

Solución: deja de hacer el imbécil

Noveno síntoma: la discoteca se mueve mucho, la gente va vestida de blanco y la música es muy repetitiva

Causa: estás en una ambulancia

Solución: no moverse, posible coma etílico o congestión alcohólica

Décimo síntoma: tu padre está muy raro y tus hermanos te miran con curiosidad

Causa: te has equivocado de casa

Solución: pregunta si te pueden indicar dónde queda la tuya

viernes, diciembre 02, 2005

ANTOLOGÍA DE LA PARIDA 3: EL DINOSAURIO (continuación del cuento más corto de la historia)


Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. El animal lo miraba desafiante, relamiéndose al contemplar sus secas carnes, envueltas por ropas llenas de vómito y suciedad. No podía ser que todavía estuviese allí, junto a él, normalmente nunca ocurría, se decía extrañado.

Pensó que lo más prudente sería no moverse hasta que el dinosaurio decidiera irse, o muriera de agotamiento, hambre o, simplemente, se desvaneciera como hacía siempre.

Pero eso no ocurrió. Seguía ahí, imperturbable, observando cómo temblaba al ver sus afilados colmillos.

El muchacho se armó de valor y decidió coger la botella vacía que tenía a su lado. Con un movimiento rápido, hizo un intento de golpear a la bestia con ella en la cabeza, pero la botella se limitó a traspasar al dinosaurio, sin rozarle siquiera.

“Eso está mejor”, pensó. Le resultaba extraño que, tras una noche de excesos, mezclando alcohol con estupefacientes y mil sustancias más, no tuviera una resaca enorme. Los síntomas de la fiesta se reducían al dinosaurio, siguiéndole donde quiera que fuese.